Archivado en: amor, aventura, dones, futuro, hacer el amor, madre, mujeres, naranja, nostalgia, pelo, piernas, prioridades, prosperidad, rostro, seguridad, sueño, tiempo, trabajo
Desperté con nostalgia del futuro.
Pasé muchas horas de anoche enredado entre sus piernas largas, con nuestras bocas pegadas y analizando la música que escuchábamos. Esa mujer delgada de pelo liso y de rostro desconocido que era mi compañera. En el sueño.
No recuerdo la última vez que tuve una compañera. Una partner. Un alma distinta pero íntima con quien compartir experiencias. Hacer vida. En la experiencia de los “hechos”, de la aventura y del tiempo cotidiano sin-tiempo. Conversar, amarse, aconsejarse, escucharse, hacer nada, despertarse tarde o temprano, levantarse o no, dormir poco de noche, buscar momentos para dormir siesta y hacer el amor en todas partes.
Hace mucho tiempo decidí dedicarme a mí. Bajar a las mujeres de mi escala de proridades. Quitarles la monarquía en mi pirámide. Con la energía de la soledad en mis manos, descubrir y utilizar mis dones, fue el primer paso logrado con éxito, para de ganarme a mí mismo y transformarme en una naranja entera.
Una naranja entera que no necesita una mitad, pero espera una fruta para disfrutar y compartir el camino de rodar cuesta arriba.
Hoy parado en el supermercado la pregunta aparecía más clara que los precios de las cosas que tengo aunque no las pueda pagar. ¿Porqué no lo he logrado? ¿Qué me falta? ¿Qué no soy capaz de ver y hacer?
Sigo embarcado en proyectos alternativos y aventureros, sigo proyectando un look entretenido y diferente y sigo, frustrado, protegido en casa de mi madre, viviendo una vida que no soy capaz de financiar.
28 años. Camino a los 30. Sin amor, sin trabajo. Sin seguridad. Sin prosperidad. A eso le llamo nostalgia hacia el futuro, extrañar lo que deseo.
Crear mi espacio. Saciar, con mi trabajo, mis hambres. Cubrirme con mi propio techo. Lograr frutos con mis dones. Construirme un camino propio. Sentirme orgulloso de mi cansancio. ir al supermercado a comprar mis cosas y hacer una lista de lo necesario vs lo que me alcance.
No necesito tanto. Sólo ser útil para mi mismo. Trabajar mis dones y pagarme mi techo, mi comida. Ofrecer un lugar a esa mujer sin rostro que sólo llega a visitarme en el espacio que es totalmente mio: Mi cama y mi sueño.
Archivado en: acaricia, amante, cabello, cara, falsario, lengua, luz, mañana, ojos, parida, pecho, raíces, rostro, sueño, verborrea
Si en la obscuro se acerca negra, insatisfecha,
me atormenta la lengua con grueso y amargo.
Viste púrpura capa de seda que acaricia
con filos dedos raíces, mi pecho.
Borracha y embebida con mi agrio nostálgico,
se comporta como egoísta amante;
gélido
toque intrusa en las huellas borradas
y goza con lo que ya no me queda de ella.
No espera que la nombre y obedece a sed propia.
Se acuesta y verborrea imágenes del no recuerdo
Desnuda danza y lame vulgar su cola.
No hay suspiro más triste:
tener la presencia viva del sueño roto;
que patalee en la espalda con el cadáver de las alas,
colores y esperanza que me pensó ante el infinito
Hoy se aparece y re dibuja,
con los cuadros y olores que ya no pertenecen,
cuando no les queda mi rostro,
y las renace para mortificarme.
Que hay de sueño.
Que de vida.
Y lo que no de falsario.
Cuanto tiene de visita mal alumbrada,
y de que manera es contestación.
Me mira apenada entre el júbilo
y me callo en el interno burdo para alejarla.
Sus ojos, la luz, mi cara y su cabello endorado:
El cuesta arriba que me ha parido
y cuantos huesos arrojados.
Decrepito o reptante seré yo, mismo, el que sonría mañana.