El fin del paganismo


Mal Parida
Junio 2, 2008, 1:42 am
Archivado en: acaricia, amante, cabello, cara, falsario, lengua, luz, mañana, ojos, parida, pecho, raíces, rostro, sueño, verborrea

Si en la obscuro se acerca negra, insatisfecha,
me atormenta la lengua con grueso y amargo.
Viste púrpura capa de seda que acaricia
con filos dedos raíces, mi pecho.

Borracha y embebida con mi agrio nostálgico,
se comporta como egoísta amante;
gélido
toque intrusa en las huellas borradas
y goza con lo que ya no me queda de ella.

No espera que la nombre y obedece a sed propia.
Se acuesta y verborrea imágenes del no recuerdo
Desnuda danza y lame vulgar su cola.

No hay suspiro más triste:
tener la presencia viva del sueño roto;
que patalee en la espalda con el cadáver de las alas,
colores y esperanza que me pensó ante el infinito

Hoy se aparece y re dibuja,
con los cuadros y olores que ya no pertenecen,
cuando no les queda mi rostro,
y las renace para mortificarme.

Que hay de sueño.
Que de vida.
Y lo que no de falsario.

Cuanto tiene de visita mal alumbrada,
y de que manera es contestación.
Me mira apenada entre el júbilo
y me callo en el interno burdo para alejarla.

Sus ojos, la luz, mi cara y su cabello endorado:
El cuesta arriba que me ha parido
y cuantos huesos arrojados.
Decrepito o reptante seré yo, mismo, el que sonría mañana.